12 julio 2021

SOBRE LOS WATERMELONS SIN FRONTERAS...

Siempre que llegas a un nuevo colegio, siempre que coges una nueva clase es un momento especial. Cuando ves por primera vez esas 25 nuevas caras (aprovecho para decir que el año pasado, con 20, tanto profes como alumnado trabajamos mucho, pero mucho mejor). Pero a lo que iba, cuando ves por primera vez esas 25 nuevas caras, cada una de su padre y de su madre, y aunque no sea lo mejor ni lo más adecuado, te haces tus primeros prejuicios (entre ese primer día y los que van viniendo después): ese tiene pinta de ser rebelde, esa no se calla ni debajo del agua, ese parece que pilota mucho…ese momento, es especial. Porque pasas a tener de 25 desconocidos a tener a tus 25 chavalas y chavales, al menos, por un curso. Porque al final, irremediablemente, les coges cariño, a todos y todas. No voy a negar que a unos más y a otros un poco menos, pero coges cariño a todos e intentas hacer tu trabajo lo mejor posible, por todos ellos. (Es curioso como yo, que cuando trabajaba para mis propios resultados, siempre he sido muy perezoso, termino dando siempre el máximo cuando es por mi alumnado).

En fin, este curso, con todos sus protocolos y todas sus medidas COVID no fue diferente. Al llegar al colegio y conocer a mis nuevos chavales, los Watermelons Sin Fronteras se hacían llamar, empecé a conocerlos un poquito mejor a cada uno de ellos y, allá por el mes de noviembre ya eran mis chavales. Para las buenas y las malas. Es justo decir que no han sido mi mejor clase académicamente, que tenía algunos realmente vaguillos y vaguillas, pero, allá por noviembre, no me los cambiéis por nada del mundo. Son mi clase, y con ellos y ellas, a muerte. Me han hecho trabajar mucho y aprender muchísimo más, reinventarme, probar nuevas cosas para llegar a ellos y ellas (algunas con más éxito, otras con menos), mejorar como profe y darme cuenta de lo que todavía tengo por mejorar. De cada uno de ellos y ellas, de los 20, podría tirarme escribiendo una cara por alumno, de lo mucho que han ido cambiando (en su mayoría mejorando a lo largo del curso), de cómo se iban formando académicamente y como personas.

En definitiva, no tengo muy claro por qué, si es por haber sido mi primera tutoría en mi primer colegio definitivo, si por haber compartido con ellos un año tan diferente como es sexto de Primaria (el año del COVID, para más inri), un viaje de fin de curso, la graduación, haber compartido con muchos de ellos y ellas las lecturas de mi infancia, pero es un curso, que sé con total seguridad, del que no me voy a olvidar fácilmente y que siempre os voy a llevar en el corazón. Para mí es una suerte, una verdadera suerte, poder decir que yo he sido el tutor de los WATERMELONS SIN FRONTERAS.

Un abrazo grande chic@s.



Hellfire Club

A Hellfire Club… Siempre tienes una sensación rara cuando entras al colegio los últimos días de junio y lo ves tan vacío, sin ruido, sin r...