06 noviembre 2021

UN PASEO PARA RECORDAR...

Hoy, después de muchos años de “vivir corriendo” entre el trabajo y otras obligaciones, y al tener tiempo, me ha dado por hacer un repaso de todos esos lugares en los que he ido creciendo profesionalmente como maestro. Todavía recuerdo el primer día que llegué al Isabel la Católica, en Septiembre de 2015, con 22 añitos y le pregunté a una amiga mía que también debutaba ese día en ese colegio: “Bueno, ¿y ahora qué se hace aquí hasta el día 7 que lleguen los niños? Ay, que ilusos nosotros…

Ese fue mi primer año, en el CEIP Isabel la Católica en Navas del Rey. Recuerdo que cuando me dieron el destino lo primero que pensé fue… ¿dónde está eso? Ese curso tuve una tutoría de cuarto de Primaria, de la que guardo un gran recuerdo porque fueron mis primeros alumnos. Aún recuerdo la primera clase de inglés y tres niños diciéndome “nosotros es que odiamos el inglés” y cómo poquito a poco los fui llevando a mi terreno. Recuerdo la primera reunión de padres, donde muerto de la vergüenza era incapaz de mirarlos a los ojos y miraba a la pared del fondo. A final de curso una mamá me dijo: “Edu, reconozco que en la primera reunión de padres te vimos ahí, tan inseguro, que pensamos, pobrecillo, se lo van a comer”. Fue un gran curso. También recuerdo la clase de 5ºB de ese cole, la de comeduras de cabeza que me dieron y cómo acabamos llorando el último día todos…Tengo la suerte de seguir sabiendo de algunos y algunas de vosotras y ver que os estáis convirtiendo en adultos responsables me llena de orgullo. De este cole he de hablar de mis compañer@s, sobre todo de una, ya sabes quién eres, mi gran apoyo en ese cole, la que me aguantaba en el coche en mis peores días y decía saber más inglés que yo.

Después de mi añito en Londres, otro día os hablaré de eso, eso es otro tema, volví al año más difícil de mi etapa como profe. Yo lo llamo el año de sustituciones. Nuestra Señora de Fátima (Aldea del Fresno), donde aprendí a hacer unas ACIS en condiciones, el Joaquín Costa, donde aprendí que un buen maestro no deja de preocuparse por su alumnado ni cuando está de baja, el Reina Victoria, donde aprendí que, a veces, hay que hacer cosas sin preguntar al equipo directivo para “no tener que llevarles la contraria”. Séneca, lo siento, mi gran dolor de cabeza, me hiciste ver que los cursos bajos no son lo mío y, por último, el Teresa Berganza, que me introdujo un poquito en la tecnología usada en el cole. Este curso fue el más difícil. Para mí, ser maestro es mucho más que transmitir conocimientos, es el vínculo que creas con los chavales, el ayudarles a madurar, el hecho de estar tan poco tiempo en cada cole hizo complicado eso.

Y después llegó el cole que me cambió como maestro. Antes del CEIP Padre Mariana, en Entrevías, era un maestro que buscaba las clases más cómodas posibles y, a partir de aquí, mi chip cambió. Era un colegio de difícil desempeño, y lo difícil fue irme de allí a final de curso porque aún no tenía plaza definitiva y buscaba coles bilingües para no perder la habilitación. Lo que yo le debo a este cole no creo que se lo pueda devolver nunca. No tengo palabras para agradecer todo el apoyo que allí tuve, desde el equipo directivo hasta el último de mis compañeros. Allí redescubrí por qué me hice maestro y me hice útil dentro de un aula. Sentí, por primera vez, que algunos de mis chavales solo tenían lo que hacían en el cole porque el apoyo en casa era muy pequeño. Tuve por primera vez alumnos en situaciones difíciles y me hicieron crecer lo que no está escrito. Por primera vez, trabajé con alumnos en teoría complicados y, aunque fue complicado, sobre todo al principio, la satisfacción de ver la mejora de algunos de ellos fue increíble. Aquí he de reconocer que a algunos otros no llegué y también aprendí a lidiar con ello. De este cole recuerdo a una alumna a la que prácticamente estuve desde octubre echándola la bronca y enfadado con ella porque era una alumna de dieces y me sacaba cuatros hasta enero. Recuerdo su primer examen de lengua, después de muchas charlas en ratos muertos con ella, donde corregí su primer diez del curso. Esa sensación…En este cole también me apoyaron muchísimo a preparar la opo con sus ánimos.

Y llegó el CEIP Blas de Otero y ver, ya no solo que confiaban en ti, si no que además apreciaban tu interés. En este cole, además, aprendí a acercarme a las familias, especialmente en la época del COVID, a valorar el caso personal de cada uno de mis alumnos y en intentar multiplicarme, aunque a veces sin el éxito deseado, para intentar dar a cada uno lo que necesitaba. Desgraciadamente, fue el año en que dejé de creer en el bilingüismo, ojo, no en la importancia del inglés, pero sí en el bilingüismo tal y como estaba implantado. Este año me convertí en funcionario de carrera al pasar mis prácticas. Este cole tuvo la culpa de que me picara el gusanillo de ser coordinador TIC algún día, de meter la digitalización en la escuela. Este año, junto con el anterior, tuve la suerte de trabajar junto a dos jefas de estudio espectaculares que me hicieron ver el camino que quería seguir como docente y el modelo de colegio que a mí me gustaba y, por qué no, algún día, temporalmente, probar a trabajar en el despacho, pero sin dejar el aula, eso lo tengo muy muy claro.

Y por último llega mi destino actual, y espero que por muchos años. El Parque. Y sus Watermelons sin Fronteras. Mi primera tutoría de sexto de primaria. Trabajar con preadolescentes ha sido cansado, a días frustrante, llegar a casa jodido pensando si de verdad valías para tu trabajo, cambiar tus métodos, volver a cambiarlos, darle una vuelta a esto, a lo otro…para al final darte cuenta que ha sido uno de los grupos de alumnos que más marcado se te han quedado. De ellos aprendí una lección que me enseñaron en la universidad y que tenía un poco olvidada. Es el profe quien debe adaptarse a su alumnado, y no al revés. Y con esto llegamos a mi gran proyecto, a mi grupo de cuarto de este año, con vistas a tenerles algún curso más, con tiempo para trabajar y desde peques. Tengo mucha esperanza en este grupo y ahora, después de esta baja, unas ganas tremendas de volver al cole y dar lo mejor de mí.









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