25 abril 2021

EL MUSEO DEL EMBUDO

 La entrada que quiero hacer hoy es un poco más personal y se la quiero dedicar a mi abuelo, Don Santos Jiménez López. Él no tenía carrera (le habría gustado, pero no se la pudo permitir) pero es la persona con más ganas de aprender que yo he conocido. Le recuerdo a sus cerca de sesenta años haciendo cursos de informática, aprendiendo inglés, incluso metiéndose en el mundillo de las redes sociales. Para mí, su nieto, todo un ejemplo.

Y en particular hoy, a parte de su familia, quiero hablaros de algo que él empezó desde cero y consiguió hacer algo único;

EL MUSEO DEL EMBUDO

En Sayatón, un pequeño pueblo de Guadalajara, mis abuelos tenían una casa con la típica nave. Cuando mi abuelo se jubiló, comenzó a interesarse por una leyenda del pueblo que decía "que una vecina del pueblo, tras encargar un embudo a un mercader y cuando este se había ya marchado, se asomó a una peña y le gritó: ¡Que el embudo sea hueco! Desde entonces, las gentes de Sayatón son conocidas como "las del embudo".

Mi abuelo entonces, comenzó en su tiempo libre a hacer embudos hechos a mano primero de diferentes materiales, y después, a buscar embudos nuevos de diferentes materiales, tamaños, formas en diferentes mercadillos, rastros, tiendas de antigüedades e incluso distintos conocidos empezaron a aportar su granito para la coleccción.

El hobby de mi abuelo poco a poco comenzó a crecer, y empezó a acumular embudos hasta lograr ser el sitio del mundo con más embudos juntos y donde estaba el de mayor y menor tamaño.




Por último, también me gustaría dejar aquí el texto que él mismo escribió hace ya diez años, en el que un hombre con estudios básicos, hace un gran manejo de la personificación como recurso.

MUSEO DEL EMBUDO      

 En  un  pequeño pueblo  de  la  baja  Alcarria  llamado  Sayatón,  se  encuentra  el  único  Museo  dedicado  al  Embudo. Sí,  sí, al  embudo: 

 Instrumento  cónico,  con  un  apéndice  tubular,  cuya  misión  es  transvasar  líquidos.

 Este  pequeño  recinto  donde  se juntan  más  de  600  piezas  de tan  ancestral  utensilio, seleccionados por su forma, su historia, su utilidad y por los  materiales de  los  que están  hechos, sirve de lugar de reunión y tertulia a todos ellos, donde pasan el tiempo hablando entre sí y comentando  sus  cosas, su  forma  de  pensar  y  sus  pequeñas  quejas.

 Entre  ellos,  hay  uno  que  por  tener  unas  ligeras  manchas, se queja    a  todos  los  que  les   quieren  escuchar: "Al  mandarme  esta  viruela,  pregunto  a  mi  creador,  si  mi  vida  fue  correcta,  ¿porqué  conmigo Señor?".

 O  ese  otro  de  porcelana,  que el pobre  estuvo  transvasando  aceite  de  colza, descascarillado  todo  él  y  que en  su  indignación  comenta:  "Me hablaron  de obras  sociales  y  presté  servicio  a  mis  dueños,  me  envenenaron  con  colza,  y  desperté  de  mis  sueños".

 También  se encuentra  el  clásico  chulón, que ni  estudia  ni  trabaja  y  que  cuando  le  reprende  su  familia,  él  responde:  ¿Por qué  no  vivir  del  cuento  adornando  mis  mentiras,  cuando  hay  personas  que  pagan  dinero  por  la  exclusiva?.

 Y como no podía ser de otra forma, en  esta  feliz  familia,  ocurren vivencias similares a las del resto  de los mortales.  Y  para  demostrarlo,  en uno de los estantes del Museo se puede apreciar un pequeño utensilio  que  sirve de soporte a cuatro  embudos  y los hace bailar  al  son  que  les  toca:  lo  mismo  bailan  a  izquierda,  como  bailan  a derecha,  según  les  empujen  en  un  sentido  o  en  otro. Y por dicha actitud,  les  llaman  los  tontos  útiles. 

 Es  algo muy  divertido  comprobar  la  cantidad  y  variedad  de  estos  útiles,  que   después  de  muchos  años  de  trabajo  han venido a parar a este Museo. Desde el  cobre hasta el latón, pasando por la  porcelana, cristal,  cerámica,  alpaca y así hasta un largo  etcétera.

 Y como son tan locuaces  con las personas  que van  a  visitarles,  en  cuanto  llevas  un   rato  con  ellos  te  llegan  a  transmitir  toda  su  alegria  y  su  forma de  vivir,  y  te  recuerdan  hechos  que  se  asemejan  mucho  a  los  pequeños  vicios  de  los  humanos.

 Entre  los  carteles  que  decoran  el  museo  hay  uno  que  dice: 


      "Hablando  con  un  embudo,                   

       me  decia  con  razón:

        siendo  el  hombre  quien  la  hizo,

        la  ley  del   embudo  NO"

 

 Y otro de los carteles, refiriéndose al embudo alega:


       "Te  hacen  simbolo  de  ley,

         de  una  ley  no  legislada,

         no  emana  en  lo  natural

         y  es  por  muchos  adoptada.

 

         Reflejando  el  egoismo 

         de  injusta  distribución,

         te  utilizan  sin  motivo,

         falsean  tu  condición."

 

Y muchos  y muchos más  carteles y piezas que hacen  que  el  visitar  este  Museo  no sea, únicamente,  una agradable  experiencia para los sentidos, sino  también una forma distinta de divulgar cultura y tradición popular y que  como  amigo  de esta  casa, me  atrevo  a  recomendar.

Santos  Jiménez

Sayatón (GUADALAJARA)

 Y si alguien lo quiere conocer en mayor profundidad y contado por su creador, en este vídeo tiene aún la oportunidad.



Gracias abuelo, por ser siempre un ejemplo, y ayudarme a crecer para convertirme en la persona que hoy he llegado a ser. Me habría encantado que me vieses trabajando de profe, con mis grupos de alumnos, con mi plaza, pero sé que desde ahí arriba, estarías orgulloso. Te quiero abuelo.

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